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Diarios (volumen 3), Iñaki Uriarte

Frente a las apabullantes solapas de las novedades editoriales, que descubren una obra maestra cada mes, esto es lo que dice la solapa del tercer volumen de los Diarios de Iñaki Uriarte: Iñaki Uriarte nació en Nueva York (1946), es de San Sebastián y vive en Bilbao. Nada más; se agradece la asepsia de la editorial (Pepitas de calabaza) para que sea el lector el que ponga los adjetivos una vez ejecutada la lectura. Hay solapas que parecen querer ahorrar la lectura del libro: basta con leer el elogio y la presunción de obra maestra, basta con ponderar el libro para que su aroma despierte la pituitaria de la razón, tan acostumbrada al perfume caro. Pepitas de Calabaza, desde su lema (una editorial con menos proyección que un cinexín), se descubre sin tapujos y con humor. Hay más honestidad en un solo libro de Pepitas de calabaza que en toda la colección de los Planeta. La honestidad, amigos, no vende libros, pero hace libros hermosos para lectores honestos. La historia paralela de la literatura es una colección de buenas maneras (que no intenciones).

Dijo Umbral que los diarios son literatura en estado puro. Yo creo que un diario debe reflejarlo todo a condición de que no pase nada, o sea, que el diario es el ruido de fondo de los días, el silencio que se va posando con delicada paciencia sobre los acontecimientos, esas cosas que pasan mientras uno pone la lavadora, hace la comida, limpia el polvo u ordena la habitación. En un diario íntimo podemos ver la destreza de alguien que escribe porque solo está en juego la palabra, no hay argumento ni muertos que descifrar, solo lenguaje. El verdadero interés de los diarios no es ver con qué famoso se codea el diarista, qué confidencia escucha o qué secreto revela; si no hay sinfonía léxica el diario se viene abajo. Mientras que la novela trata de reproducir el paso del tiempo, en el diario el tiempo queda suspendido; no hay transcurrir temporal porque todos los días parecen el mismo día.

Iñaki Uriarte demuestra con este tercer volumen de sus diarios que no es necesario sufrir una vida trepidante para contarlo, solo hacia el final del libro una invitación en Nueva York parece agitar la cotidiana tranquilidad del vasco. En esa invitación asistimos a una conferencia que Iñaki Uriarte dará gracias a la publicación de los dos volúmenes anteriores, algo que espolea su ego pero que mira siempre de reojo, sospechando que la publicación de sus diarios es un ejercicio fantasmal, como si uno fuera la transparencia melancólica a través de la que todos pueden mirar.

Tres son los ingredientes de la prosa de Uriarte: la claridad, el humor y un intelectualismo a veces naif, a veces bizarro. Escribir con claridad para poner en limpio el día o la cabeza parece ser el objetivo de todo diario que se precie. Así, encontramos irreverencia: Hoy han dejado en el buzón dos folletos de propaganda. Uno de un cocinero japonés a domicilio. «¿Quieres comer en casa tranquilamente y no hacer nada?». Firma Hirotomo Sunada. Proporciona su teléfono y su email. El otro prospecto llega desde el gobierno vasco. Es publicidad de la famosa «consulta» de Ibarretxe. No trae teléfono ni email. También pregunta algo. Lo rompemos y guardamos el de Hirotomo Sunada, que parece menos tramposo y redactado en un lenguaje más claro. Encontramos citas sublimes: «No hay normas. Todos los hombres son excepciones a una regla que no existe» (Pessoa). Encontramos reflexiones de toda índole: «Ayer hice unos cálculos», le dije a María en el coche. «Imagínate Amsterdam en el año 1649. La ciudad más floreciente del mundo. Del tamaño de San Sebastián. Unos 130.000 habitantes. Y ahora piensa en una calle llena de gente, a media mañana. Y en cuatro hombres que caminan por separado. Cada uno va a lo suyo. El primero tiene 56 años. Es Descartes. El segundo, 42. Es Rembrandt. No lejos de ellos, mirando en direcciones distintas hay dos jóvenes. Los dos tienen 17 años. Uno es Vermeer y el otro Spinoza. Todos en la misma calle, en una ciudad del tamaño de San Sebastián, en la Avenida, por ejemplo».

Los Diarios de Iñaki Uriarte no son una obra maestra, pero resultan imprescindibles para hacer algo imprescindible en estos tiempos extraños: disfrutar con la lectura.

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Literatura

En la orilla, Rafael Chirbes

Escribir en primera persona es un recurso antiguo y demoledor: todo lo que se cuenta precedido de un yo parece abrigado por una verdad incuestionable. Así empieza el segundo capítulo de En la orilla: He sentado a mi padre frente al televisor. Nadie puede poner en duda una frase así. Aceptamos desde las dos primeras palabras que todo lo que vendrá a continuación será cierto. En narrativa nada tiene más fuerza que la primera persona del singular, desde el Lazarillo de Tormes hasta hoy. En su contra, la clásica tercera persona del singular propone como punto de partida un juego de espejos en el que el lector está constantemente preguntándose de dónde viene la imagen que lee, esto es: ¿quién es el que está narrando? Cada vez nos cuesta más aceptar la figura del escritor. La tercera persona es hija de la burguesía y la primera persona del singular parece casi siempre dicha por el pueblo. Rafael Chirbes no podía elegir otro punto de vista para contarnos la crisis.

En la orilla arranca con un breve capítulo escrito en tercera persona. Un narrador todopoderoso despliega un cuadro de situación. Aparece un cadáver y ya toda la novela nos estaremos preguntando quién es el muerto, un truco un poco chusco si la apuesta es el estilo y no el argumento, en realidad el muerto se nos olvida mediado el libro y todo lo que aparece no es más ni menos que la arquitectura desvencijada de la corrupción, unos andamiajes hechos de dinero negro, falsas expectativas y desenfreno en el gasto. El hombre como animal perdido que agitando la VISA parece agitar su propia vida.

La novela de Rafael Chirbes tiene algo de biblia urbana, tanto en la elección del protagonista (un carpintero) como en el tono (la parábola). La crisis está sirviendo para expurgar el pasado; nadie juzgaría desde un plano moral el pasado económico de España si no se hubiera producido esta hecatombe económica; quiero decir que el aeropuerto de Castellón, las mordidas que se producían/producen en las administraciones públicas y demás asuntos no son los causante de la situación actual y que tratar de simplificar el problema es una trampa y una excelente excusa para escribir una novela. La época del pelotazo no ha terminado, basta con echar una ojeada a los numerosos casos de corrupción que aún hay abiertos en la Audiencia Nacional.

La crisis (no podía ser de otro modo) va dando sus frutos culturales. He leído en algún periódico que esta novela de Chirbes es la gran novela de la crisis. Puede ser. Ignacio Escolar la recomendó (junto con Crematorio) en Italia hace unos meses en un encuentro al que fue invitado. Si la novela es la foto que queda de una época, En la orilla puede ser un buen cuadro de estos años. Hay mucha melancolía y mucha culpabilidad en todo el libro, mucho arrepentimiento por lo que se hizo o por lo que no se hizo. Como todas las crisis, lo que está en juego no es el presente ni el futuro, sino el pasado.

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Literatura

El cielo protector, Paul Bowles

Paul Bowles se hizo famoso por vivir en Tánger y por fumar gloriosos canutos de hachís. Además, para los estadounidenses era todo un mito: alguien capaz de preferir Tánger a Nueva York renunciando a la gran metrópoli como medio de afirmarse frente a los demás; sólo un loco puede preferir Tánger a Nueva York. Por la casa tangerina de Paul Bowles pasó lo más selecto de la generación Beat, además de Tennessee Williams, Truman Capote, Djuna Barnes y otros.

La vida de Paul Bowles da para una película, muchas veces el personaje que construye para sí un autor es muy superior a su obra. Paul Bowles representa ese arquetipo como pocos. Su literatura no es excelente, su figura en cambio resulta apasionante. ¿Se esmeró Paul Bowles por engordar esa figura o fueron los otros quienes mitificaron la vida marroquí del escritor americano? Me pregunto hasta dónde llega la propia voluntad en la construcción de una máscara.

Escrito en tercera persona, con una técnica muy elemental y heterodoxa, El cielo protector narra las accidentadas vacaciones de un extraño trío norteamericano: un joven matrimonio y un amigo de ambos. El matrimonio atraviesa una crisis y el viaje por el desierto africano parece planeado como trampolín para saltar a la estabilidad. Siempre salimos a buscar ahí fuera algo que nos falta dentro. El hombre es un ser en falta, que dijo Jacques Lacan. Cifrar la carencia como algo numeral es un error que nos lleva a emprender viajes absurdos, a huir o a plantear la vida como una constante huida. Los personajes de El cielo protector vacacionan sus problemas creyendo que en el exotismo desolado del desierto podrán encontrar aquella carencia, aquella felicidad perdida. Lo que encuentran es un dislocamiento con la realidad: el Sahara no tiene compasión con los desorientados, en Manhattan siempre puedes preguntarle a alguien cómo llegar a Central Park.

La novela tiene a veces aspiraciones metafísicas: el cielo aquí es muy extraño. Cuando lo miro, a menudo tengo la sensación de que es algo sólido, allá arriba, que nos protege de lo que hay detrás. El cielo protege al hombre de la nada, una revisión de ese mito religioso: Alguien le había dicho una vez que el cielo esconde detrás la noche, protege a la persona que está debajo del horror que hay arriba. Ese parece el propósito de Paul Bowles a lo largo de las páginas del libro, dibujar la indefensión del hombre Occidental desposeído de su entorno, un entorno a fin de cuentas ficticio, pues la verdad del mundo no son las catedrales y los rascacielos. La verdad del mundo es la lucha del hombre por dominarlo.

La cultura norteamericana, que explica los procesos históricos mediante el mito del individuo y el espectáculo ajeno de la historia, está en juego constantemente en la narración, el protagonista (Port), egocéntrico y atormentado, dice: —¿Humanidad? —exclamó Port—. ¿Qué es eso? ¿Quién es la humanidad? Te lo diré. La humanidad es todo el mundo salvo uno mismo. Entones, ¿qué interés puede tener para nadie? Los americanos miran con escepticismo la historia, desconfían de ella. El bagaje del pasado es un lastre para el salvaje Oeste, y el americano medio contextualizado en un desierto se pierde porque como dijo Borges no hay laberinto más implacable.

Poco antes de su muerte leí una entrevista en la que afirmaba el viejo Bowles que fumaba hachís a diario; decía que el primer canuto del día le clavaba a la silla y ya no se levantaba hasta bien entrada la tarde. El cielo protector fue escrita en los años cuarenta, no fue hasta la adaptación de Bernardo Bertolucci que subió a los altares de la consagración. Yo creo que la novela no alcanza a obra maestra, no llega a la excelencia y está sobrevalorada. Demasiadas páginas de relleno en las que no se cuenta nada imprescindible; poca amplificación en las ideas centrales. El cielo protector forma parte de esos libros que se escriben para explicar algo, por ejemplo, que la vida es terrible y diamantinamente falsa; pero destila poco amor por la palabra, un uso excesivo de los diálogos que no conducen a nada y una trama que queda bien en la gran pantalla.

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Literatura

La Cartuja de Parma, Stendhal

Hay una leyenda, no sé si falsa, que dice que Stendhal tardó 53 días en escribir La Cartuja de Parma. Se suele tardar mucho más en escribir un libro que en leerlo, Henri Beyle, cuyo nombre me parece mucho más sugerente que su seudónimo, parece que tiene el récord por lo bajo. He leído La Cartuja de Parma primero con entrega, luego con curiosidad, luego con resignación, incluso obligándome a mí mismo, cosa que no me gusta nada; la lectura debe ser un placer, para obligaciones ya tenemos un montón de asuntos vitales.

Se me ocurren las siguientes apreciaciones en torno a La Cartuja de Parma: La estructura es precaria y apresurada. En numerosas ocasiones el autor hace elipsis de varios días con un punto y aparte (a veces incluso meses), como si le molestara el tiempo, y ese me parece precisamente el error de la obra: que el tiempo no tiene entidad, las cosas suceden como en fotografías estancas, que no se relacionan unas con otras. Vemos Waterloo, vemos el lago de Como, vemos una familia aristocrática posando para la nada. Lo que sucede parece responder a la composición del relato de una vida (la del protagonista, Fabrizio). La puntuación del texto me resulta molesta, muy trabada. Ahora viene lo gracioso: Que el tiempo no tenga entidad, que la estructura parezca precaria o apresurada, que la puntuación parezca defectuosa… todo esto en otro libro puede pasar por genial. ¿Por qué en este no? Porque se supone que La Cartuja de Parma es una obra capital en el llamado movimiento realista, una pieza clave para comprenderlo.

Se me ocurre que realismo no es fotografiar un hecho, realismo es desplegar a la perfección en la cabeza del lector el aroma de una época, y poniéndonos estupendos, el sonido de aquel tiempo que pasó. Un maestro, una obra maestra consigue reproducir cien, doscientos años después, en la cabeza del lector, lo que sonaba mientras la obra era escrita. Y, atención, esto es lo más importante: que la música no suene a música antigua. O sea, que algo escrito hace pongamos cien años tiene que convencer porque debe sonar como si hubiera sido escrito ahora.

La Cartuja de Parma parece escrita hace mucho tiempo, y su hechura clásica podría pasar hoy en día por Best Seller, no otra cosa son los Best Seller más que literatura del diecinueve. Clasicismo industrializado.

La Cartuja de Parma pasa en un principio por novela de aventuras, con tintes políticos, o novela de intrigas palaciegas, donde el protagonista Fabrizio es movido como una marioneta por su tía y el amante de esta que tratan de conseguirle un puesto cardenalicio. Todo parece indicar que vamos a asistir a una estrategia de altos vuelos sociales para presenciar el ascenso a las tribunas religiosas de Fabrizio, pero mediada la novela el protagonista comete un asesinato y todo se vuelve entonces algo confuso. Fabrizio es encerrado y se enamora de la hija de su carcelero. Entonces la novela se convierte en una especie de Conde de Montecristo de bolsillo. Como curiosidad, añadir que el edificio de La Cartuja de Parma aparece solo en la última página del libro, cosa inquietante.

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Literatura

El ajo dar

En abril de 2007 se hizo famoso en España un eslogan de la televisión autonómica madrileña —presidida entonces, desde el tamayazo de 2003, por Esperanza Aguirre— que se ha convertido en una obra maestra, voluntaria o no, de la publicidad de cuanto llevamos de este siglo. En el anuncio de la tele, varios rostros conocidos de la cadena aparecen, muy serios, en diferentes puntos de la capital; cada uno de ellos sujeta con ambas manos un espejo donde se refleja, ni más ni menos, la realidad, lo que hay a nuestro alrededor, lo que ellos nos cuentan. Esa es (era) la idea, según parece. Cuando se marchaba Sánchez Dragó, que era el último porque su programa se emitía por las noches, la estrellita de cinco colores de la cadena daba paso a una joya del calambur: «Espejo de lo que somos». Y a partir de ahí, la leyenda y las opiniones encontradas: que si había sido un descuido, que si todo era un mensaje contra la censura que se estaba cargando la cadena. Que cómo se podía ser tan torpe. Que cómo se podía ser tan genial.

La poesía procaz de todas las lenguas lleva siglos jugando a hacer calambures, y en español son muchos los que llevan jota. En el Cancionero de amor y de risa, López Barbadillo recoge unas seguidillas anónimas y de nuevo madrileñas que ya aparecían en la edición de 1892 de Venus retozona, aunque hay quien piensa que son muy anteriores. La primera de ellas dice así: «En Madrid robé un ajo / a una tendera; / me ordenó la justicia / que el ajo diera». No seguiré por ahí, pero aviso de que las otras tres concluyen la historia y abundan en los mismos condimentos.

«Estas palabras hay que oírlas, no leerlas», escribe Borges en su famoso texto sobre César y Marco Bruto y el gaucho y la sorpresa. Parafraseando a Borges, podemos recordar que a Samaniego se le atribuye otro de estos poemas especialmente indicados para escuchar más que para leer. Se trata de cinco coplas protagonizadas por los amantes Dora y Dido, y de nuevo el calambur busca en casi todas el verbo de otras veces, aunque el poeta se permitirá alguna que otra rima distinta, siempre con el mismo fonema perturbador:

Casose Dora la bella

con Dido, y Dido intentó,

la noche que se casó,

hacerle un hijo, hijo de ella.

Como pasó mala noche

aquella en que fue casada,

se levantó al otro día

con toda la cara ajada.

Desde que le vio su padre

con el semblante perdido,

enojado le pregunta:

«¿Quién te ha casado, hijo Dido?».

Un hijo piden a Dora

los de su casa cantando,

y Dido le dice a Dora:

«¿Hijo piden? Hijo damos».

Para pan y para aceite

a Dora y Dido pidieron,

y fueron tan liberales

que con gran despejo dieron.

Obsérvese que, para leer «bien» el último verso, hay que ponerle puntos suspensivos a algo que no cabe en ocho sílabas.

Del Jardín de Venus rescato una décima, más bien discreta, que juega con el tópico de las pretendidas beatas y que otra vez hace del calambur malsonante —que ha llegado hasta hoy en diversos chistes, siempre muy malos— la excusa de la composición:

Madre e hija con su manto

devotas al templo vienen,

no eran aquellas que tienen

devoción con algún santo.

La madre al divino canto

atiende, y cuando el tenor

computas dijo al cantar,

exclamó: «Mi dicha es fija,

mira que nos llaman, hija,

vamos al altar mayor».

Cuando Vicente García de Diego entró en la Academia, recordó que la falsa etimología de la voz gazapatón nos sigue haciendo creer, erróneamente, que se trata de un gazapo grande. Y no: la primera acepción de gazapatón en el DRAE es ‘expresión malsonante en que se incurre por inadvertencia o por mala pronunciación’. Pues bien: desde aquel dulce que lamían a destiempo Salicio y Nemoroso hasta la legendaria e intemporal Égloga de Domingo Tera, pasando por algunas canciones de Académica Palanca —la más célebre es «La apoyadura»— o numerosas identidades apócrifas en Facebook, el calambur, y muy especialmente el calambur malsonante, sigue dando pie y medio a que los poetas se regodeen en ajos, espejos, hijos y dones mientras nos echan las culpas de todo a nosotros, que no hacemos más que leer en voz alta, ingenuos, inocentes, gazapatoneando.

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Literatura

Rayuela de Julio Cortázar

La primera vez que leí Rayuela tenía diecisiete años. Empezaba a fumar y a entender que el mundo quedaba comprendido en los indescifrables meandros del humo de mis cigarrillos. Fumaba y leía como si fumar y leer fueran la misma y extraña cosa. Había un personaje en el libro (Oliveira) atribulado por asuntos extraños o aburridos durante los primeros capítulos, luego todo se confundía en una prosa hipnótica, en frases imposibles donde las leyes de la sintaxis saltaban por los aires. Oliveira tenía una novia o algo que se parecía a una novia (La maga). Con Rayuela aprendí a leer.

Creo que lo peor que me pudo pasar en la vida fue leer Rayuela a los diecisiete años y creer que la literatura era eso. Rayuela no es el libro indicado para adentrarse en el bosque luminoso de la literatura. Rayuela es el libro indicado para terminar, cerrarlo y no volver a leer nunca más una novela. Yo lo hice al revés, primero leí Rayuela y luego todo lo demás (¿he dicho todo?).

En puridad Rayuela cuenta la siguiente historia: un grupo de amigos (el club de la serpiente) se reúne en apartamentos minúsculos y apocalípticos para escuchar música, beber alcohol y hablar de la vida y sus aledaños; se trata de un grupo heterogéneo y fantasmagórico: no sabemos quiénes son más allá de su nombre o de su exagerada anécdota. Todos parecen orbitar alrededor de la figura del protagonista: Horacio Oliveira.

El libro empieza con esta pregunta: ¿Encontraría a La maga? A los diecisiete años yo había dejado de hacerme preguntas porque todas habían quedado sin respuesta. Estudiaba en las escuelas profesionales Padre Piquer, obra social de la caja de ahorros de Madrid, jesuitas. Allí aprendí a defenderme de los demás tratando de ganarme su respeto. Una forma refinada y elegante de ganarte el respeto del otro consiste en no hablar: yo no hablaba o hablaba poco. Me hacía el interesante. Me construí un personaje para que todos creyeran que yo era alguien distinto. Alguien que leía libros.

El profesor de filosofía me cogió un día mi Rayuela y me dijo: eres muy joven para leer esto, ¿no? Yo sonreí.

Rayuela era un libro difícil, un libro para iniciados. A los diecisiete años yo quería pasar por culto y no me valía cualquiera, solo me valían los grandes, y Cortázar era (es) un gigante.

Rayuela tiene una estructura (un momento, ¿qué es la estructura?) fragmentaria (un momento, ¿fragmentaria?). Rayuela cuenta cosas a medias en capítulos que terminan demasiado pronto. O cuenta cosas crípticas en capítulos demasiado largos. Cuando yo tenía diecisiete años quería ser críptico y eterno, indescifrable y atemporal. Creo que los expertos andan aún descodificando algunos fragmentos del libro. Pasar a la posteridad significa mantener entretenidas a varias generaciones de críticos deshaciendo el puzle de la interpretación. Con diecisiete años yo quería ser indescifrable.

En realidad la novela no empieza con la pregunta que reproduje más arriba, no. La novela empieza con algo así como unas instrucciones. El autor nos explica cómo debemos leer el artefacto, el autor nos invita a recorrer el libro de otra forma, nos dice que podemos saltarnos páginas, volar hacia el final y retroceder; nunca tanto desorden colmó con tanta presteza las expectativas de un joven de diecisiete años que quería faltar a clase y esconderse en cafeterías somnolientas para leer el maldito libro.

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Salud

Trucos para identificar el atún rojo

La frase “ te han dado gato por liebre”, tambien es comun, cuando se hace la compra en la pescadería. Uno de los pescados que más problemas da en este sentido es el atún rojo.

Cuando llega la primavera, es muy común encontrarte en los puestos de los mercados y en las pescaderías atún rojo.  En muchos casos nos creemos lo que leemos y pensamos que el producto que compramos es el que nos indica el vendedor. En este artículo vamos a daros varias claves para que podáis identificar de manera correcta  un verdadero atún rojo.

Marca y etiquetado

Como con cualquier otros producto comercializado, el atun tambien debe de ser identificado con la información básica sobre el mismo. Los peces deben de ser etiquetados para estar perfectamente identificados con los siguientes datos: peso, fecha, especie, zona de captura y como ha sido capturado. De esta manera el cliente podrá saber qué está comprando en todo momento sin miedo a que le engañen.

En la etiqueta debe aparecer si es del Mediterráneo o del Atlántico, si es menor o no de 30 kg y también debe aparecer su especie ( thunnus thynnus).

Tipos de Corte

En la nueva cocina, cada vez hay nombres más técnicos en los platos, incluyendo los cortes de los pescados. En especial con el atún rojo, existe gran variedad de cortes específicos: parpatana, el morrillo, el mormo etc.. hasta 25 tipos diferentes. Si al pedir un plato incluye uno de estos cortes, ten por seguro que lo que has pedido es atún rojo, ya que este tipo de cortes solo son posibles en piezas específicas. Como el atún común, es más pequeño que el rojo, los restaurantes no pueden permitirse desechar las piezas con este tipo de cortes, ya que se desperdiciaria más materia prima.

El Color

Lo normal es que cualquiera que no conozca este pescado, piense que su color debe de ser rojo, pero en realidad, no es así. El atún rojo tiene un color rosáceo, con tono pálido. Existen puestos en el mercado que modifica el pescado tiñendolo con colorantes naturales para realzar su color y confundir al consumidor.

También se debe tener en cuenta que es un producto con un porcentaje alto en grasa, por lo que si tienes ante ti un verdadero atún rojo, deberás poder ver con facilidad las vetas de grasa.

El precio

Un aspecto fundamental que hay que tener en cuenta, cuando vamos a comprar atún rojo, es el precio. Este tipo de pescado es muy valorado en los mercados y en las pescaderías, por lo que es muy difícil encontrar gangas o precios bajos.

El precio estimado por un kilo de atún en el mercado y siendo de la parte del lomo ( es la parte más barata) nunca puede ser inferior a los veinticinco euros. Si lo queremos consumir en un restaurante el valor de un plato ronda los 12 o 15 euros.

Si lo encuentras por menos es muy probable que te esten dando “gato por liebre”.

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Negocios

Proveedores de ropa confiables

Si buscamos un buen negocio en el mercado electrónico, la moda sin duda es una de los mejores, pero como tal no es fácil hacerse con semejante nicho. Para poder competir en este mercado, debes de ofrecer calidad, precio y originalidad en cada producto.  

El problema muchas veces es encontrar el proveedor que te ofrezca dichas cosas. Intentaremos en este articulo ayudarte un poco. Vamos a intentar buscar proveedores online confiables del país que tu prefieras. 

Uno de los errores más comunes cuando te inicias en el ecoomerce, es centrarnos solamente en el producto. Desde luego que hay que buscar un producto que merezca la pena, pero tan importante como eso o más, es buscar unos buenos distribuidores de ropa en este caso. Son muchas las veces que buscamos un proveedor por determinado producto suyo, porque nos parece que es el ideal, pero luego su mala gestión a la hora de distribuir la mercancía… etc hace que no llegue a tiempo y tú dejes de vender, porque no tienes producto. Vender algo que sea de alta calidad, o con un diseño diferente es genial, pero nunca debemos de olvidarnos revisar su distribución o la calidad del fabricante de ropa. 

Siempre que sea posible, deberíamos visitar a nuestro proveedor, ver cómo trabaja, revisar sus procesos y ver su eficiencia. Sin duda esto nos va a ayudar a decidirnos entre unos y otros y desde luego fomentar un trato cerca o a la hora de la relación comercial y de esta forma dar el valor que merece también a su trabajo. 

Si quieres ver unos mayoristas de moda totalmente confiables, mira esto.

Para seguir eligiendo, deberemos fijarnos en cosas tan importantes como: 

  • El Precio. Debemos de elegir productos que mejor se adaptan a nuestra capacidad económica. No fiarnos simplemente porque su precio sea elevado, ni desconfiar si son más baratos. 
  • La Calidad. Siempre que nos sea posible, y si no, desconfía, haz pedidos de muestra y comprueba la calidad de la prenda, ver como viene empaquetado, etc. Si viniera con manchas, exceso de arrugas o una talla que no es la que pediste, ponte en la situación de que te pasara como un cliente que recibe ese mismo paquete. 
  • El Tiempo. Tanto de envío como de respuesta. Es de vital importancia encontrar un proveedor que tenga sea rápido. Desde luego que esto lo marcará mucho del país que proceda la ropa. No es lo mismo que sea una distribuidora del país, que si tu pedido viene de china. Lo que está claro es que a nadie nos gusta que nos hagan esperar y menos con un pedido. 
  • Y por último, pero no menos importante, deberíamos fijarnos en la Experiencia. Trabajar con un proveedor con cierto bagaje nos va a dar tranquilidad para que los pedidos lleguen a tiempo, que sus básicos de calidad sean mayores y que si tuviéramos en un momento dado un repunte de las ventas, tenga capacidad de respuesta.  

Digno de valoración es la elección de fabricantes nacionales o internacionales. Deberás valorar la opción que más te convenga de cara a su precio, a su impacto medioambiental, la calidad y a tu ética.  

Los Proveedores nacionales como norma tienen una mayor calidad, velocidad de respuesta y mejores condiciones para sus trabajadores. Frente a los internacionales, que tienen un precio más ajustado y tienen mayor posibilidad a la hora de elegir productos. 

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Salud

Remedios naturales para la memoria

Los remedios naturales para la memoria te ayudan a recordar hechos simples que vienes recordando pero al llegar el momento preciso lo pasas por alto. Este problema puede ser resuelto por ejemplo con remedios para la memoria caseros, pues los tienes en la naturaleza, en los alimentos de tu dieta habitual o al menos puedes incorporarlos a ella para que estimulen tu inteligencia además de provocar una estimulación a la conexión de las neuronas y por ende te ayudarán a mejorar la memoria.

Por ejemplo el pescado azul es un gran aporte de fósforo, un mineral esencial para mejorar las funciones cerebrales.

También necesitas de las naranjas, las nueces, los cereales, la banana, los albaricoques, la leche y sus derivados desnatados y de la carne de pollo, ya que a partir de estos alimentos recibirás el aporte de potasio cumpliendo su función sobre el cerebro.

Los cereales integrales, las frutas, los garbanzos y las lentejas son alimentos ricos en glucosa de asimilación lenta, esenciales para la función cerebral.

El Gingko Biloba es un remedio popular para la memoria, puedes conseguirlo en forma de pastillas. Su función radica en mejorar la circulación sanguínea, permitiendo de este modo una mejor irrigación en el cerebro, por lo cual éste reciba una buena cantidad de oxígeno.

Para mejorar la inteligencia y la función cerebral, la alcachofa es uno de los vegetales más importantes, recomendado para incorporarlo al menos dos veces a la semana.

Ya hablamos de los pescados por su aporte de fósforo, pues el aceite de pescado cuenta con un aporte de ácidos grasos esenciales omega 3, también esencial para el buen funcionamiento de las células del cerebro.

En este mismo sentido puedes preparar una sopa de cabeza de pescado con espinaca para recibir el aporte de buenos minerales para la memoria.

Coloca a hervir en una olla una cabeza de pescado, luego le agregas las espinacas salando a gusto.

Al cabo de unos minutos estarán los ingredientes cocinados y obtendrás el caldo de sopa de pescado para beberlo.

También puedes elaborar una infusión de romero colocando a hervir agua, luego le agregas el romero para dejar que repose. Después a esa preparación le añades una yema de huevo y tendrás lista la infusión de romero. La incorporación del huevo puedes obviarla si no te agrada.

También puedes aprovechar las propiedades del romero para mejorar la memoria mezclando una cucharadita de miel de romero con una cucharadita de polen de abeja. Antes del desayuno todos los días bebe una cucharadita de esta mezcla y estarás adquiriendo las propiedades del romero, el cual ayuda a la producción de la hormona cortisona, esencial para que el sistema nervioso pueda defenderse de las agresiones externas. Es útil contra la fatiga psíquica.

Ten en cuenta que para fortalecer la memoria debes ejercitarla además de tener en cuenta los citados remedios naturales para la memoria.

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Salud

Cuáles son los síntomas del Alzheimer

Podemos detallar los síntomas del Alzheimer más comunes, ya que dependerán de cada etapa de la enfermedad como de ello también dependen los tratamientos.

Perro como síntomas comunes es la pérdida de la memoria, ya sea para realizar las tareas más comunes e inclusive el enfermo puede llegar a dificultarle el reconocimiento a sus propios familiares.

Esta falla de la memoria alcanza también a olvidar donde ha guardado distintos objetos en el hogar, pierde la capacidad de recordar el funcionamiento de los aparatos eléctricos y no puedes salir a comprar alimentos o productos comunes en el supermercado porque olvida lo que necesita y en su lugar compra otro producto innecesario.

Al perder también la noción de tiempo y espacio no pueden salir a la calle porque no reconoce los lugares ni siquiera donde se encuentra, ya que no se puede dar cuenta cual es la fecha en la que vive, no sabe el día ni el año, por ende tampoco podría regresar a su hogar, ya que desconoce el camino.

También surge un trastorno en el habla como síntoma del Alzheimer, es decir que se le dificulta expresarse. No puede tomar decisiones básicas como por ejemplo vestirse porque no reconoce si se encuentra en verano o invierno. No puede manejar el dinero porque pierde la noción de lo que debería pagar por una compra.

El pensamiento abstracto se ve afectado, no puede recordar la función de los números, es decir que pierde la capacidad de hacer cálculos.

Es común que en la primera etapa pretenda guardar objetos pero lo hace en un lugar incorrecto y luego no puede encontrarlo.

En una persona enferma que habitualmente no tiene una conducta irascible, de pronto comienza a presentarse violenta con un estado de ánimo alterado. Es decir que se producen cambios en la personalidad del paciente. Si bien con el paso de los años es común el cambio de personalidad, al padecer esta enfermedad los cambios de personalidad son muy notorios.

Se vuelve extremadamente dependiente, ya que al no poder tomar decisiones de ningún tipo la vida del paciente se limita a permanecer en soledad, mirando la televisión sin hablar porque le cuesta expresarse.

Con el paso del tiempo en la última etapa, pierde la capacidad motriz con una masa muscular deteriorada, también se presenta la incontinencia fecal y urinaria.

Esta es una etapa en la que el paciente se vuelve extremadamente dependiente, ya que le resulta imposible valerse por sí mismo, hasta para el mínimo detalle necesita ayuda para su vida cotidiana, pues no podría cocinar porque no sabría como manejar un electrodoméstico, tampoco podría encender la cocina, ni colocar una olla al fuego, lo cual al hacerlo le podría causar un daño a sí mismo.

Del mismo modo tampoco puede higienizarse a sí mismo debido al peligro que supone una caída en la bañera, por ello se destaca su dependencia permanente.

Todos estos síntomas son los comunes pero vale aclarar que no se presentarán al mismo tiempo sino de forma progresiva a medida que la enfermedad avanza, de acuerdo a cuáles son los síntomas del Alzheimer.